Observación desde el Palacio Real de Olite

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Qué mejor lugar para una observación que las alturas de un castillo. En esta ocasión el pueblo de Olite nos ha abierto las puertas del Palacio Real para realizar una observación astronómica desde las alturas del mismo. Hemos contabilizado más de un centenar de personas a las que no les dio pereza subir la multitud de escaleras del castillo para acercarse a observar el cielo con nuestros instrumentos. Se comenzó dando unas explicaciones de lo que se iba a observar y los diferentes monitores junto a sus telescopios daban explicaciones y contestaban a las preguntas de las diferentes personas.
Aunque en la realidad, hubo dos observaciones: la solar y la nocturna. En la primera convocatoria contamos con cinco telescopios. Un telescopio especial de H-alfa donde los curiosos pudieron contemplar las protuberancias solares de la fotosfera; otros dos, con filtros Millard donde se podían ver las manchas solares; otro telescopio proyectaba la imagen del Sol sobre un cartulina blanca en la que se podía ver la fotosfera con sus manchas, y un último telescopio dirigido hacía la Luna. No se podían ver los cráteres muy definidos debido a la luz solar pero a la gente le encantó igualmente.
Al anochecer empezó la Luna a hacerse más visible y aparecieron los primeros astros luminosos, en este caso Venus y Júpiter. A la gente le chocaba saber que no eran estrellas sino dos planetas de nuestro sistema solar y que además era posible ver los satélites galileanos. Posteriormente apareció Saturno con todo su esplendor gracias a sus anillos y que siempre merece la pena ver. Además se observaron estrellas dobles, cúmulos globulares, la anular de Lyra…
Aunque en el cielo había ligeras nubes que a veces perjudicaban la observación, desde el Castillo no se apreciaba ninguna farola de Olite que lanzase sus rayos de luz hacia el cielo y que normalmente es nuestro principal enemigo a la hora de realizar este tipo de observaciones. Enseñamos también a localizar las constelaciones visibles en esta época y me sorprendió que hubiera personas que las reconocían, lo que indicaba que de vez en cuando miran al cielo. A media noche cuando la gente comenzó a abandonar el recinto recogimos los trastos y bajamos las 236 escaleras que nos separaban de nuestros coches. Nuestro agradecimiento a todo el pueblo de Olite por permitir este tipo de observación en un lugar tan emblemático y tan bello como es el Palacio Real de Olite.

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