Noche Internacional de Observación de la Luna 2023
La Noche Internacional de Observación de la Luna (InOMN por sus siglas en inglés) es una actividad anual organizada para el público a nivel mundial que busca fomentar la observación y conocimiento de nuestro satélite. Todas las personas están invitadas a participar en este evento, bien sea como anfitriones o como asistentes a alguna de las numerosas actividades propuestas. Este año, la InOMN será el próximo sábado 21 de octubre y desde Astronavarra hemos preparado una observación de dos horas en Pamplona. Os contamos todos los detalles.
La observación es pública, gratuita y no es necesario inscribirse, por lo que cualquier persona interesada puede acercarse a observar a través de los 4 telescopios con los que contaremos. El lugar de la observación será en la zona de la Estación de Autobuses de Pamplona (ubicación) y se llevará a cabo de 21:00 a 23:00. Podéis acudir libremente en cualquier momento dentro de ese horario y acompañarnos cuanto queráis. En cualquier caso, os recomendamos seguir nuestras redes sociales, pues la previsión meteorológica puede hacer que la actividad se aplace o cancele.
Esta actividad está promovida por NASA, y en su página web hay un apartado dedicado a este día (pinchar aquí), donde se puede encontrar información sobre las observaciones que habrá en todo el mundo, recursos didácticos y guías de observación.
En nuestro país, además, la Federación de Asociaciones Astronómicas de España (FAAE) quiere impulsar las observaciones preparando un vídeo del evento. Astronavarra colaborará con esta iniciativa reservando uno de los cuatro telescopios para las personas que voluntariamente accedan a ser grabadas mirando la Luna, aportando así las imágenes que se tomen para la FAAE. Para ello, será necesario firmar en el momento de la observación un breve documento de consentimiento. Destacar que esto es totalmente voluntario, y quienes no quieran aparecer en el vídeo dispondrán de otros tres telescopios al margen para disfrutar de la observación.
Para profundizar más, la propia NASA describe multitud de lugares en la Luna, accesibles a los telescopios de los que vais a disponer, en un documento que es a la vez un pequeño atlas de la Luna, personalizado para el día 21, con los accidentes geográficos más notables y con mejor contraste que se pueden ver ese día. Este documento lo podéis descargar desde aquí en formato PDF y ha sido traducido por compañeros y compañeras de la mencionada FAAE.

Por último, queremos contaros qué vamos a ver. Queda claro que la Luna será la protagonista de la noche pero, ¿cómo la veremos? El sábado día 21 la Luna se encontrará prácticamente en cuarto creciente. Esto quiere decir que la encontraremos con forma de “D” puesto que estará iluminada por el Sol por su derecha, tal y como aparece en la imagen que acompaña estas líneas, tomada por nuestro compañero Jorge Sola. Esta fase es la mejor para poder apreciar nuestro satélite pues permite su observación al atardecer y además nos ofrece todos los detalles de su relieve. Como consejo, cuando observemos a través del telescopio será conveniente disfrutar de sus mares (zonas más oscuras) y de los cráteres, que serán especialmente interesantes en la zona donde la superficie iluminada y la superficie de sombra se tocan. Esta zona se llama terminador y es donde la luz del Sol incide de lado sobre el relieve lunar, lo que permite la generación de sombras que nos permitirán apreciar con todo detalle las formaciones de la Luna.
Tenemos muchas ganas de realizar esta actividad y os animamos a pasaros en algún momento del horario propuesto para disfrutar de la Luna desde el centro de Pamplona con ayuda de nuestros telescopios.
¡Os esperamos!
Presentación general del proyecto (NASA)
Reacción de personas en distintos pueblos de España mirando la Luna por primera vez al telescopio (Federación de Asociaciones Astronómicas de España, FAAE)









En ese cielo también observaron un enorme objeto que vigilaba sus días o noches, disfrazándose en ocasiones, desapareciendo en otras, pero siempre perfecta, siempre brillante. La Luna fue el primer objeto celestial representado en la historia del arte, concretamente en un bajorrelieve que data de la época mesopotámica. Su siguiente aparición nos transporta al siglo XV, directamente a la pintura renacentista, con “Jesucristo Crucificado” (imagen) del artista italiano Bramantino. En este cuadro se observa la luna llena en un segundo plano, redonda, brillante, blanca y prácticamente perfecta, al igual que en representaciones posteriores datadas en el gótico como “La crucifixión” y “El juicio final” del pintor flamenco Jan Van Eyck.
¿Cuándo cambió esta percepción? A partir de 1609, momento en el que el científico Galileo Galilei observó por primera vez la Luna y vio que no era tan blanca, ni tan perfecta, ni tan redonda como todos pensaban, hubo un cambio radical en la historia del arte. Claro es el ejemplo de su siguiente representación, datada en 1612. Esta vez aparece compartiendo primer plano con la Inmaculada en los frescos de la iglesia Santa Maria Maggiore en Roma. Curiosamente ya no encontramos la Luna llena en el cielo, sino menguante y a los pies de la Virgen, llena de montañas y cráteres, un gesto muy representativo ya que, a partir de ahora, la Luna no solo iba a ser un objeto celeste sino también terrenal.
A medida que los descubrimientos astronómicos avanzaban lo hacía también el arte. Como si de un periódico se tratase, fueron apareciendo nuevas ilustraciones y pinturas que mostraban la actualidad científica de la época, un medio de divulgación y trasmisión muy necesario en el que los protagonistas fueron cambiando. Ya no solo se representaba la Luna sino también los planetas, las manchas solares o la Vía Láctea. Era tan importante el arte en este momento que incluso llegó a utilizarse como moneda de cambio. El conde Luigi Marsili conquistó al Papa Clemente XI con unas ilustraciones del artista italiano Donato Creti. A cambio, el papa mandó construir el que fue el primer observatorio astronómico público de Bolonia.
No solo los conocimientos puramente científicos se veían reflejados en el lienzo sino también los mitológicos. Pintores como Goya o Rubens han representado estas historias con sus pinceladas llenas de volumen. Tal es el caso de “El rapto de Europa” de Francisco de Goya (imagen izquierda) en el que se muestra al dios Júpiter convertido en toro engañando a la princesa fenicia, historia que ha trascendido al cielo de tal forma que una de las lunas galileanas de Júpiter lleva el nombre de la joven. Otro ejemplo es la terrible historia de “Saturno devorando a su hijo”.
En este caso he escogido la representación de Pedro Pablo Rubens (imagen de la derecha), en el que se muestra el momento en el que el titán muerde a su vástago en el pecho por miedo a ser destronado, como rezaba la profecía del Oráculo de Delfos. En esta versión encontramos tres estrellas en el cielo, un guiño que nos recuerda cómo fue el momento en que Galileo descubrió a Saturno y sus anillos al mirar por el telescopio, ya que pensó que se trataba de un sistema de tres estrellas, no de un astro errante con anillos orbitando.
A medida que pasaron los años, el arte siguió avanzando hasta llegar a lo que hoy conocemos como arte moderno y contemporáneo. Por ello, no puedo olvidarme de uno de los artistas que más ha plasmado el cielo en sus cuadros, el postimpresionista Vincent Van Gogh. Él pasó muchos años de su vida encerrado entre cuatro paredes mirando por la ventana, desde donde encontró una enorme fuente de inspiración en las estrellas. Ejemplo de ello son algunas de sus obras más famosas como “La noche estrellada”, “Terraza de café por la noche” o "Noche estrellada sobre el Ródano” (imagen) entre otras, cuadros que destacan por su interpretación personal de los cielos y por esa pintura intensa y vigorosa que tanto le caracterizaba.
Por último, no quiero dejar de nombrar una obra contemporánea surrealista que me impactó mucho y con la que quiero que os detengáis un momento a reflexionar. Este universo imaginario de Ángeles Santos, llamado “Mundo”, se encuentra en el Museo Reina Sofía de Madrid. Es un cuadro de grandes dimensiones (3x3m) que representa nuestro planeta en forma de cubo, con ángeles sin alas que encienden el sol y utilizan su fuego para proyectar las estrellas. Es una creación surrealista y muy personal pero, como habéis podido comprobar, en el arte y en el cielo hay que dejar la razón de lado para sumergirnos en la belleza interior.
